Llegan los europeos
 


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El 5 de abril de 1722, un domingo de Pascua, el holandés Jacob Roggeveen descubre la isla para los europeos. Como solía ocurrir en estas ocasiones, era el principio de un largo proceso de exterminio y aniquilación cultural. El primer encuentro no pudo ser más desafortunado. Una vez desembarcados, los holandeses se asustaron y comenzaron a disparar a unos isleños que les escoltaban alegres y maravillados por estos extraños hombres y sus gigantescas embarcaciones. Unos diez cadáveres sobre la arena fueron el presagio de las desgracias que estaban por venir.

Grabado realizado durante la
expedición de Jacob Roggeveen

A su regreso, los holandeses hablaron de una tierra misteriosa, sembrada de gigantescas estatuas, cuya construcción resultaba imposible a tenor de los escasos recursos forestales de la isla, que por entonces ya se había quedado casi deforestada por completo a causa del culto a los moais. Nacía así la leyenda de la Isla de Pascua envuelta entre las brumas del enigma y el imposible.

El siguiente encuentro ocurrió en 1770, cuando llegó el capitán español Felipe González y Aedo y reclamó sin trascendencia alguna la soberanía española sobre la isla.

Más importante fue el desembarco del capitán inglés James Cook en 1774, que recopiló valiosos datos y dibujos.

James Cook (1728-1779) fue un navegante británico que realizó tres grandes viajes alrededor del mundo, sobre todo en torno al Pacífico, donde descubrió varias islas.

 


Grabados de nativos realizados
durante la expedición de J. Cook

Antes de que concluyera el siglo XVIII se produjo algún que otro contacto más, como el protagonizado por el almirante francés Jean Francois de Galup en 1786, pero el verdadero impacto se produjo durante el siglo siguiente.

 

 
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