los príncipes del mar
 


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los príncipes del mar
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Hace unos 4.000 años, unos pueblos austronésicos del sureste asiático comenzaron una larga colonización por las islas del Pacífico. Desde las islas de las Nuevas Hébrides, las islas Salomón y el archipiélago de Bismarck se fueron internando por el océano durante 500 años poblando islas cada vez más lejanas. Finalmente llegaron a las islas Fiji, donde se asentaron al menos un milenio, y desarrollaron una cultura propia (cultura polinésica). Estas grandes migraciones se respaldan en estudios lingüísticos y arqueológicos. Al respecto, resulta sintomática la denominada cerámica lapita, cuyos motivos decorativos se van encontrando en puntos cada vez más distantes.


Cerámica lapita

Una vez colonizadas también las islas de Tonga y Samoa, hacia el año 1000 a. C. volvieron a tomar rumbo al este y, tras cruzar grandes extensiones oceánicas, arribaron a las islas Marquesas. Por el camino habían descubierto y poblado un sinfín de islas del Pacífico Central, como las islas Tubuai, de la Sociedad (Tahití) o Tuamotu.

[Pulsa los rótulos de la leyenda para ver las etapas de la colonización sobre el mapa].

Por lo que se ha podido inferir de las evidencias arqueológicas, los colonizadores partirían en un par de grandes canoas de doble casco (catamarán), en las que llevarían herramientas, alimentos, plantas y animales con los que empezar una nueva vida. Desde luego, no cabe duda de que, para atravesar semejantes distancias por mar, las expediciones deberían prepararse con sumo cuidado. Para orientarse utilizaban las estrellas y otras pequeñas pistas tan solo sintomáticas para personas muy avezadas en las peculiaridades del mar, como pequeños cambios en el color de las aguas o un incremento de algas en la superficie marina.

Las razones que motivaron semejante trasiego migratorio permanecen todavía en el umbral de la conjetura, pero se suponen presiones demográficas, disputas territoriales, guerras y hambrunas. Además, otro factor a sopesar era la arraigada costumbre polinésica de dar la herencia de las tierras tan solo al primogénito del jefe, mientras que los hijos menores debían de partir en busca de nuevos territorios.

En el marco de estas grandes migraciones se sitúa la colonización humana de Rapa Nui.

 
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